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Por Rodrigo Rosales, Presidente Asociación de Mitilicultores de Chile, AmiChile.

El cultivo de choritos o mejillón chileno, ha experimentado un crecimiento de tipo exponencial en los últimos quince años, permitiéndole situarse hoy como la segunda actividad acuícola del país, el segundo productor mundial y el primer exportador mundial de choritos congelados, con envíos a los mercados internacionales de alrededor de 80.000 ton de producto por un valor de MMUSD 210.

Este importante crecimiento ha enfrentado a la industria a múltiples desafíos entre los cuales se pueden identificar aquellos de tipo tecnológicos, I&D, capital humano y desde luego diversificación de mercados y productos.

Por ejemplo, es absolutamente necesario que los pequeños productores de choritos puedan implementar tecnologías para siembra y cosecha, de manera de satisfacer las crecientes exigencias por una mejor materia prima de parte de las plantas procesadoras y los requerimientos de certificaciones internacionales para las producciones en mar que cada vez son más recurrentes. Igualmente importante es avanzar en la generación de conocimiento en temáticas de interés para la industria, como conocimiento del medio marino, productividad de los cultivos, aspectos genéticos, florecimientos algales, etc, todo lo cual requiere de una buena planificación y coordinación de nuestro Instituto Tecnológico de la Mitilicultura, INTEMIT, con las entidades de investigación de la región y, por supuesto, contar con instrumentos adecuados para brindar financiamiento de largo plazo.

El capital humano es la base de nuestra actividad y si bien una parte menor de la industria ha implementado programas de certificación de competencias laborales, que han permitido reconocer las capacidades de algunos de nuestros trabajadores y observar las brechas existentes, aún queda mucho camino por recorrer en materia de capacitación en las distintas áreas de trabajo, tanto en cultivos como en plantas procesadoras.

Por otro lado, es importante para AmiChile lograr que el consumo de nuestros productos a nivel nacional se incremente y que las familias chilenas, los niños y jóvenes estudiantes, nuestra gente del sur, consuma chorito y se identifiquen con el producto, especialmente las comunidades de los sectores en donde éste se produce y que sepan todos que, al igual que en los países que reciben nuestro producto, “Comer chorito en Chile, es seguro” puesto que el cultivo y procesamiento de este, es permanentemente monitoreado por las empresas productoras y procesadoras y fiscalizado por SernaPesca a través del Programa de Sanidad de Moluscos Bivalvos que ha dado credibilidad internacional a la industria chilena del chorito en materia de inocuidad alimentaria.

Desde luego quiero destacar que el producto ya forma parte de la dieta de los estudiantes de Chiloé, luego de haberlo introducido en JUNAEB, quienes tienen el plan de ampliar la cobertura geográfica al resto de la décima región y luego al resto del país, logro que es muy significativo para nuestro sector, y que fuera alcanzado gracias al apoyo del Programa Estratégico de la Mitilicultura de Corfo, del cual nuestro gremio forma parte.

Pero sin duda uno de los desafíos más importantes es seguir avanzando en la diversificación de mercados y ojalá de productos, lo que debiese permitir a la industria desconcentrar la oferta, que mayoritariamente sigue concentrada en Europa, y de ese modo levantar precios que por años han mantenido al negocio con rentabilidad escasa o francamente nula, permitiéndonos seguir en una senda de crecimiento, pero sostenible.

Esta es una industria con potencial para crecer y que puede ofrecer un producto de altísima calidad a un mundo que cada vez más demandará productos de origen marino y saludables.