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Pese a que la mayoría de las zonas están afectadas, no hay riesgo de desabastecimiento. (Fuente: WWW.AQUA.CL)

La marea roja ha vuelto a las rías gallegas (España), donde un 80% de los polígonos de mejillón están cerrados a causa de una toxina lipofílica que afecta a la salud del consumidor e impide su comercialización. En concreto, y según la directora del Intermac que habló con ABCde los 52 polígonos que se distribuyen por la costa gallega —la mayoría localizados en Arousa— solo once permanecían abiertos hasta este domingo 5 de mayo. Sin embargo, subrayó Covadonga Salgado, “no hay riesgo de desabastecimiento porque los pocos que están abiertos, ya de por sí, generan mucha producción”.

“No podemos decir que estas mareas sean un problema, porque es un fenómeno natural que está relacionado con la fuente principal de alimento de los bivalvos y que suele producirse dos o tres veces al año”, aclara la experta ante una marea que acostumbra a relacionarse con los anticiclones y los vientos de componente sur, y que se puede prolongar durante meses.

Ante el riesgo que el consumo de los mejillones infectados supone para la salud, este instituto gallego realiza muestreos diarios a través de los que se decide el cierre o apertura de cada polígono. Ahora mismo, y superado el peak que la semana pasada obligó a la clausura de casi la totalidad de las zonas, la situación está en clara mejoría.

“Estamos abriendo polígonos, porque la tendencia ya es descendente, pero esto puede cambiar en cualquier momento”, explicó Salgado. En el caso de la toxina lipofílica, la apertura en los polígonos interiores de las rías puede producirse en cuestión de semanas porque el impacto es menor. Sin embargo, en los que están en la boca de la ría los mejillones necesitan más tiempo para autodesintoxicarse —incluso meses— porque la concentración de lipofílicas es mayor.

En una comunidad que diariamente puede poner en el mercado hasta 1.000 toneladas de producto al día, el control del mejillón desde que sale de la batea hasta que llega a la mesa es absoluto. De ahí que ante la detección de toxina se emita una alerta que inmoviliza las partidas que pueden estar afectadas e impide la recolección de nuevos moluscos procedentes de las zonas afectadas. “A nivel visual no es posible detectar que un bivalvo está afectado, pero su consumo puede causar diarreas, parálisis e incluso tener consecuencias fatales”, alerta la experta.

Lucha contra el furtivo

Pese al riesgo y los estrictos seguimientos, el furtivismo sigue siendo una realidad que las autoridades enfrentan con un control de trazabilidad muy férreo que exige numerosos requisitos legales para el producto. “Estamos haciendo muchos esfuerzos, divulgando los riesgos e incluso el furtivismo tiene ya la calificación de delito, pero no podemos negar que no lo haya, porque es un fraude económico y un riesgo muy grande para la salud pública”, reconoce la directora del Intermac.

A veces lo barato es caro, estamos hablando de riesgos para la salud pública muy importantes”, insiste Covadonga Salgado como llamada de atención al comprador.