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Un nuevo estudio realizado por biólogos de la Universidad de Chicago revela la capacidad de los mejillones (Mytilus galloprovincialis) a adaptarse a las variaciones de pH de los océanos debido a las emisiones de carbono antropogénico causante del cambio climático, lo que podría ser una buena noticia desde el punto de vista de la biodiversidad y la acuicultura de este bivalvo (FUENTE: Mispeces).

En el laboratorio, los investigadores han constatado que las conchas de los mejillones que crecieron en niveles de pH bajo tuvieron un desarrollo menor, aunque la supervivencia fue la misma. Esta población que sobrevivió en el ambiente más ácido, difería genéticamente de los demás, lo que sugiere que las variantes genéticas permitieron una mayor adaptabilidad al entorno.

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El estudio que ha sido publicado en Nature Communications pone en evidencia, por tanto, que la adaptabilidad de los mejillones al entorno cambiante de los océanos es más rápida de lo esperado inicialmente. A pesar de ello, los datos recolectados de las conchas de mejillón y ostras actualmente recolectadas en las costas del Pacífico en comparación a las de la década de los años ’70 son un 32 por ciento más delgadas.

En el estudio los mejillones del mediterráneo fueron recolectados de la costa de Francia y sometidos en laboratorio a dos ambientes de pH, uno que refleja las condiciones normales del agua del mar (pH 8); y otro en el caso de un hipotético ambiente ácido de pH 7,4, mucho más bajo del que pueden encontrar en determinados momentos los mitílidos, y que podría ser una situación a la que enfrentarse en los próximo 100 años.

Los reproductores fueron cuidadosamente combinados para asegurar una población de larvas genéticamente diversa. En total se usaron 12 hembras y 16 machos y se obtuvieron 192 combinaciones diferentes en total.

Las larvas resultantes en cada condición de pH fueron analizadas y comparadas. En el caso del pH bajo se observó que el ritmo de crecimiento de la concha fue menor que en los mejillones de pH 8.0. Sin embargo, observaron diferencias genéticas entre ambos grupos, lo que evidencia que existe trasfondo genético que permite a los bivalvos adaptarse.

Sin embargo, la variabilidad del pH es solo una de las alteraciones esperadas del cambio climático sobre los océanos, de ahí que, en un escenario de estrés múltiple es importante centrar los esfuerzos de conservación y acuicultura en la mayor diversidad genética entre las poblaciones de mejillones, ya que la capacidad para adaptarse a las condiciones futuras parece existir ya en el acervo genético.

Referencia:
M. C. Bitter, L. Kapsenberg, J. P. Gattuso y C. A. Pfister. Standing genetic variation fuels rapid adaptation to ocean acidification. Nature Communications.